Esta situación se vio agravada porque la población de Valencia se había incrementado notablemente atraída por el desarrollo económico de la zona. El trigo, considerado alimento básico de la población comenzó a escasear. Los transportes no eran seguros, y había demasiada gente a la que alimentar.

El trigo se conoce desde tiempos remotísimos. Ya era cultivado por los egipcios, en el Valle del Nilo, hacia el año 5000 antes de Cristo, y existen pruebas de que se utilizaba como alimento en Inglaterra hace 4000 años.

La gran ventaja que presenta este cereal es que resiste temperaturas muy frías, de hasta 20 grados bajo cero, es capaz de germinar a temperaturas muy bajas, y puede cultivarse en casi todo el mundo.
Su uso más habitual es para obtener harina con la que elaborar pan y otros productos derivados.

Es por tanto un cereal esencial en la alimentación humana.
En España, y más concretamente en Valencia, el trigo ha formado parte esencial de nuestra alimentación desde hace muchísimos años, y su escasez, en determinados periodos ha traído la consecuencia del hambre y desórdenes sociales.
A finales del siglo XV y durante la primera mitad del siglo XVI, Valencia era considerada como uno de los centros financieros de España. La unión de las coronas de Castilla y Aragón impulsó notablemente la economía mediterránea, anexionando territorios del norte de África y consolidando la conquista definitiva de las Islas Canarias. Esta situación convirtió a Valencia en un objetivo tanto para los piratas turcos como para los norteafricanos.
Barbarroja, nombrado almirante de la flota otomana por Solimán el Magnífico, con el apoyo del corsario Dragut, se dedicó a atacar barcos y puertos españoles causando una gran inseguridad en el transporte marítimo de la época y ocasionando con ello que los cargamentos de trigo destinados a Valencia sufrieran enormes contratiempos.
Fue entonces cuando empezaron los problemas de hambre. Y cuándo se plantearon las posibles soluciones. El suelo y el clima de la Comunidad Valenciana no eran los idóneos para el cultivo del trigo. Las cosechas que se obtenían eran muy escasas, y con ellas sólo se podía alimentar a la población de la ciudad de Valencia durante cuatro meses.
De hecho, la mayor parte del trigo consumido se importaba especialmente de los llamados graneros italianos de Sicilia o Nápoles.
Las negociaciones que los Jurados de Valencia llevaron a cabo para obtener más trigo no tuvieron un buen final, y así, en el año 1503 se llegó a una situación límite que ha pasado a la historia con el triste nombre de "época del hambre".