Un silo es una construcción dedicada al almacenaje y conservación del trigo o de cualquier otro cereal.
Para que los cereales se conserven sin estropearse, los silos han de reunir una serie de características que condicionan su construcción: deben estar herméticamente cerrados, sin aire ni insectos, y bien aislados de la humedad.
Los silos de Burjassot se construyeron excavándolos en el suelo hasta una profundidad de entre siete y diez metros.
Tienen forma de botella, con sus paredes curvas. A nivel del suelo, adoptan una forma de pirámide truncada sobre la que se coloca la "tapa". Esta "tapa" es una semiesfera de piedra que sella el silo para protegerlo del agua y del aire.
Al mismo tiempo que se iban construyendo los silos, se iniciaron también las obras de la explanada y edificios auxiliares: las tiendas donde se vendería el trigo almacenado. Más adelante y ya de forma ininterrumpida se mejoró el perímetro exterior de la explanada con un muro protector.
Se pavimentó la propia explanada y se iniciaron las obras de una cisterna, un edificio almacén y el resto de construcciones que actualmente podemos ver: el pozo, las puertas laterales, dos relojes de sol y una cruz central que destaca por su fuerza como símbolo cristiano al contar en una de sus caras con la imagen de Cristo Crucificado y en la otra con la de la Virgen María.
 
   
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